Tuvo tiempo para sus cosas, su desayuno diario en el bar de la entrada a Benissa, enfrente de su amigo el terremoto de "michelín", de sus tapeos en el bar de la salida hacia Calpe, mientras ve el fútbol o lo que se tercie en ese momento, de la compañía de su apreciado Antonio -su naranjero particular- y su familia y de las compras en Mercadona y demás super de la zona.
Incluso compartió unos minutos "musicales" con sus consuegros. Fueron los minutos de espera más largos de su vida, ya que desde la llamada de aviso de llegada hasta la misma, pasó más de una hora. Ya no sabía que hacer, leer, marchar, "ordenar" toda una preocupación y él no quería estar en medio.
Eso era precisamente lo que yo quería, que mis padres vieran que el abuelo tiene un plan..., ver a su nieta todo lo que la distancia le permite, disfrutar con ella todo lo que la nieta le deja -jajaja- y consentir a la nieta todo lo que la hija le autoriza. Yo encantado.
Lo peor de todo fue que no comió ni un solo día arroz, ni paella, ni caldoso, ni meloso, ni con bacalao, ni na de na. Unicamente me arrancó una fideuá, una parrillada de carne y poco más. Su hija se llevó todos sus beneplácitos, que si quiero patates frites con huevo, que si quiero bocartines, que si quiero... y la fía a complacer...!
Bueno otro día, más... algo se me ocurrirá. el deber me llama, es decir, Lucía.
